Las peleas en jaula llegarán a la Casa Blanca para agasajar al presidente Donald Trump, un orgulloso defensor de la política de “combate en jaula”.
En las próximas semanas, se comenzará a levantar en el césped una valla metálica de 6 pies de altura con forma de octágono, donde peleadores de la UFC usarán una combinación de kickboxing, jiujitsu, lucha y otras artes marciales en un espectáculo de artes marciales mixtas el 14 de junio, programado para coincidir con el cumpleaños 80 del mandatario y como parte del 250mo aniversario del país.
La celebración de la sangre y la fuerza bruta encaja con el carisma combativo de Trump y con una masculinidad ideológica extrema: un enfoque pendenciero y sin reglas en el cargo más alto del país.
“Siento respeto por los peleadores, ya sabes, cuando puedes recibir 200 golpes en la cara y aun así esperar con ganas el segundo asalto”, le dijo Trump al podcaster Logan Paul durante su campaña por un segundo mandato.
Trump fue el primer presidente en funciones en asistir a un evento de la UFC: presenció una pelea en 2019 que se detuvo por un corte sobre el ojo del perdedor.
Para quienes no están familiarizados, el deporte celebra la violencia y es muy popular entre los hombres jóvenes.
“A mucha gente no le gustan las peleas y creen que pelear tiene que ver con la ira. No es así. Si estás enojado cuando peleas, vas a perder”, afirmó el veterano árbitro y comentarista de MMA “Big John” McCarthy.
“Pelear tiene que ver con la técnica y el estilo, y con entender cómo hacer que tu oponente cometa errores mientras tú no lo haces”, explicó McCarthy.
“Entiendo totalmente por qué le gusta”, añadió sobre Trump. “Porque a mí también”.
Amigos de ejecutivos de la UFC y de la televisión
Es difícil encontrar una frase más trumpiana que Ultimate Fighting Championship.
Devoto comprometido de la hipérbole, Trump disfruta de los grandes calificativos que pueden elevar cualquier cosa a su versión “definitiva”. También se considera con orgullo un luchador: “¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!” se convirtió en su mantra de campaña de 2024, uno que se consolidó tras un intento de asesinato ese verano.
Luego está “championship” (campeonato), otra cosa cercana al corazón de un presidente que profesa constantemente amor por ganar y por quienes lo hacen con frecuencia.
Todo eso llevó a que Trump le diera a la UFC su mayor plataforma hasta la fecha.
“Es algo calculado. Él sabe lo que está haciendo”, señaló Kyle Kusz, profesor de la Universidad de Rhode Island que estudia la conexión entre el deporte y la extrema derecha.
Trump “usa la UFC para retratarse como un deportista varonil”, sostuvo Kusz, quien dijo ver paralelismos entre el estilo de masculinidad del deporte y el enfoque de Trump hacia las políticas públicas y la política.
La liga planea emitir 85.000 entradas gratuitas para el evento. Trump dijo que el jefe de la UFC, Dana White, un amigo de larga data, construirá “una arena de 5.000 asientos justo afuera de la puerta principal de la Casa Blanca” y ocho pantallas grandes en un parque cercano para que los asistentes con entradas puedan verlo desde lejos.
Críticas a la cartelera
Trump se ha jactado de que el evento contará con “los mejores”. Pero aficionados han criticado la cartelera por carecer de talento de primer nivel, como el excampeón de dos divisiones Jon Jones, quien pidió su liberación de la UFC inmediatamente después de quedar excluido del evento en la Casa Blanca.

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